Piso papel y esta vez no es para escribirle a la luna y mucho que menos al amor. Le escribiré a las esquinas, calles y pueblos olvidados de mi amada nación, tristemente gobernada por gente sin compasión. Soy de un pueblo que sufre por el abandono y el olvido, viste siempre la misma ropa y siempre se baña con el sudor, se levanta como se acuesta: triste por su deterioro.

Días tras días camino las calles de mi país. Observo que muchas están desvestidas y que las acera gritan con cada pisada. Al señor que lee el periódico por la mañana le apena mucho la situación. Al otro señor de la esquina le entristece mucho el corazón. Gobernantes y policías corruptos, la delincuencia hace que la inseguridad crezca más que la levadura hace crecer al pan. Realidad triste la nuestra, pues solo nos quedamos estáticos ante esta situación, nos quedamos callados porque desde luego; es esta la opción más simple.

Las calles de mi ciudad lloran y ríen a carcajadas a la vez ¿ Cómo es esto posible? La escasez de los valores, y la falta de respeto de la sociedad entre sí y hacia las autoridades (soborno y extorsión) y viceversa, entre muchos otros factores han generado un país con ventanas rotas, y nadie parece estar dispuesto a repararlas.

¿ Qué? ¿Solo cuando los trozos de los cristales de las ventanas rotas nos hagan sangrar tomaremos una decisión? ¿Nos sentaremos como los mejores espectadores a ver como se rompen estas y solo nos quedamos mirando? Mi país padece el síndrome de ventanas rotas ¡ que triste! De ti y de mi depende dejarlo morir.